Junto a los chicos de 5.º A y 5.º B comenzamos a ver el tema funciones polinómicas. Para hacerlo, utilizamos una herramienta graficadora online que se llama Desmos -recurso que los chicos conocían y usaban desde el año anterior-, que nos permite observar cada función, graficar la curva y, luego, sobre esos datos avanzar en el estudio del análisis matemático, que más adelante verán seguramente en sus estudios universitarios.
Además, y de manera complementaria, también dedicamos espacio a estudiar los teoremas, que nos ayudan a avanzar en el estudio de las funciones polinómicas. Entre ellos, el teorema de Gauss, la regla de Ruffini, el teorema de Cauchy o el de Gauss -a quien se conoce como el príncipe de las matemáticas-, todos contenidos que los alumnos ampliarán en sus futuras carreras de ciclo superior.
Un aspecto interesante que se planteó durante las clases fue la inquietud respecto del recorrido de esos pensadores matemáticos y la pregunta respecto de cómo llegaron a sus hallazgos, y de cómo fueron los antecedentes hasta concretar el uso de las herramientas que habían creado. De esa inquietud surgió la narración de una anécdota muy conocida de la infancia de Gauss. Cuando él tenía apenas siete años de edad, y en un momento de típico barullo infantil durante una clase, su profesor J.G Bütner castigó a todo el grupo con la siguiente consigna: debían sumar todos los números naturales desde el 1 hasta el 100. Casi de forma instantánea, Gauss tenía la respuesta correcta: 5050. La cuestión es que ese hecho, junto con muchos otros, contribuyeron a que los profesores de Gauss advirtieran en él algo especial, una especie de don para las matemáticas, y que hablaran con sus padres para permitirle recibir clases complementarias después del horario escolar.
Ahora, para saber cómo Gauss resolvió ese ejercicio, pueden consultarle a sus profesoras de matemática del colegio en la próxima clase.