Una de las posibilidades que volvieron a darse con la paulatina normalización del dictado de clases -y después de tantas adaptaciones que debimos incorporar en épocas de pandemia-, tiene que ver con compartir la lectura de una novela en clase. El tiempo y el espacio que ganamos en el aula, sin las interferencias del dictado de clases virtual, nos permiten advertir las características propias de cada texto literario, decodificar sus símbolos, sus metáforas y delinear el perfil de sus personajes, algunos más oscuros; otros, más nobles y luminosos.
En este primer bimestre, los chicos de 1.º año están leyendo la novela El rastro de la canela, de Liliana Bodoc. Se trata de un texto que nos permite avanzar en dos direcciones diferentes, pero complementarias: la trama de un amor prohibido entre una joven de clase alta, Amanda, y un mulato, Tobías, y la instancia previa a la revolución política que se gestaba hacia 1810.
Por ello, pensamos un trabajo compartido entre las dos asignaturas -Lengua y literatura e Historia- que nos permitiera ofrecer un panorama histórico completo y significativo a la hora de abordar los acontecimientos ficticios que plantea el texto literario. Así, no solo podemos trabajar una novela realista, sino que también logramos apreciarla a la luz de acontecimientos que forman parte de nuestra identidad nacional y regional.
Además, y para ilustrar aspectos como la vestimenta, los medios de transporte, las costumbres cotidianas y el vínculo entre amos y esclavos, en clase vimos fragmentos de la película Camila, de María Luisa Bemberg. Si bien esa historia es algo posterior a la época de la Revolución de Mayo, y a pesar de que en ella se plantea un conflicto diferente al que vemos en El rastro de la canela, creemos que es interesante ofrecer ciertas instantáneas que grafiquen cómo se vivía en Buenos Aires durante la época colonial.
En suma, nos encantó llevar adelante este proyecto en el que exploramos los conceptos de amor, de justicia y de revolución desde diferentes disciplinas.