El ingreso al nivel secundario siempre toma el color de las ansiedades de los alumnos por conocer lo nuevo que vendrá, cierto temor ante la cantidad de nuevas asignaturas y docentes, y también algún pudor por ser los más chicos del segundo piso. Por eso, durante todo el año, y a partir de un trabajo cuidado y muy bien organizado, los chicos reciben el seguimiento necesario para poder enfrentar todas las exigencias académicas e institucionales propias de los estudiantes del nivel medio.
En ese sentido está orientada la tarea que llevan adelante docentes y tutores, tanto individuales como grupales. A vuelo de pájaro, podríamos asumir que hacer un resumen o un mapa conceptual, llevar una agenda, dar una exposición oral o resolver un trabajo grupal son tareas sencillas, elementales, que no deberían generar ninguna dificultad. Sin embargo, creemos que el acompañamiento y el apoyo a los alumnos durante el primer año del nivel secundario es vital. Lo es para generar buenos hábitos de estudio, y también para fortalecer la seguridad y la confianza que los estudiantes tienen en sí mismos. Además, es importante ayudarlos a organizar los materiales de trabajo -algunos, virtuales; otros, físicos-, a delimitar los tiempos para el estudio en casa, a llegar a tiempo a una entrega pautada con antelación, a incorporar buenas estrategias y prácticas para trabajar tanto de manera individual como grupal.
El ciclo 2021 que está a punto de concluir fue, además, muy particular para los chicos que acaban de terminar primer año. A ellos les tocó egresar de séptimo grado en casa, en pandemia, alejados de las aulas y de todo el entorno escolar que, por supuesto, incluye no solamente el plano académico sino también los encuentros sociales, los deportivos y los espacios de encuentro y de juego que ellos disfrutan tanto (los recreos, la competencia entre Casas Agustinas, las fiestas de fin de curso).
Por eso, a lo largo de este año insistimos en advertir cuáles eran las necesidades puntuales de cada uno de nuestros alumnos, en qué aspectos necesitaban más contención y acompañamiento. Desde ya, todo ese trabajo incluyó el encuentro y la comunicación con las familias, indispensable a la hora de diseñar planes de acción para cada caso particular.
Como cierre de todo ese trabajo, y a pocos días antes de la finalización de las clases, nos animamos a hacerles algunas preguntas a los chicos. Entre los interrogantes que ellos debieron responder, se incluyeron los siguientes: qué aprendieron durante el año y qué consejos les darían a los chicos que hoy están terminando su ciclo primario y que muy pronto, a mediados del verano, se estarán preparando para conocer las aulas del segundo piso de CSA.
En suma, creemos que es importante buscar el espacio para generar una reflexión sobre el trabajo que se hizo, separar la paja del trigo y advertir qué quedó sobre el tamiz. Como docentes, podemos pensar que sabemos de antemano en qué consistirán esas respuestas, y que en ellas no habrá grandes novedades. Sin embargo, los alumnos siempre sorprenden con su trabajo, y también con su mirada sobre las prácticas que se llevan a cabo en la escuela (especialmente los más chicos, que asisten a clase con un entusiasmo y una frescura particular, propia del inicio de un ciclo).
Por eso, compartimos algunas respuestas que dieron los chicos casi a punto de finalizar su primer año.
Nos encantó hacer este feedback con los alumnos. Creemos que no solamente será un ida y vuelta con sus compañeros más chicos, sino que el resultado de este ejercicio también será útil al momento de cursar segundo año, instancia en la cual las exigencias serán cada vez mayores, y los contenidos cada vez más complejos.
En ese sentido está orientada la tarea que llevan adelante docentes y tutores, tanto individuales como grupales. A vuelo de pájaro, podríamos asumir que hacer un resumen o un mapa conceptual, llevar una agenda, dar una exposición oral o resolver un trabajo grupal son tareas sencillas, elementales, que no deberían generar ninguna dificultad. Sin embargo, creemos que el acompañamiento y el apoyo a los alumnos durante el primer año del nivel secundario es vital. Lo es para generar buenos hábitos de estudio, y también para fortalecer la seguridad y la confianza que los estudiantes tienen en sí mismos. Además, es importante ayudarlos a organizar los materiales de trabajo -algunos, virtuales; otros, físicos-, a delimitar los tiempos para el estudio en casa, a llegar a tiempo a una entrega pautada con antelación, a incorporar buenas estrategias y prácticas para trabajar tanto de manera individual como grupal.
El ciclo 2021 que está a punto de concluir fue, además, muy particular para los chicos que acaban de terminar primer año. A ellos les tocó egresar de séptimo grado en casa, en pandemia, alejados de las aulas y de todo el entorno escolar que, por supuesto, incluye no solamente el plano académico sino también los encuentros sociales, los deportivos y los espacios de encuentro y de juego que ellos disfrutan tanto (los recreos, la competencia entre Casas Agustinas, las fiestas de fin de curso).
Por eso, a lo largo de este año insistimos en advertir cuáles eran las necesidades puntuales de cada uno de nuestros alumnos, en qué aspectos necesitaban más contención y acompañamiento. Desde ya, todo ese trabajo incluyó el encuentro y la comunicación con las familias, indispensable a la hora de diseñar planes de acción para cada caso particular.
Como cierre de todo ese trabajo, y a pocos días antes de la finalización de las clases, nos animamos a hacerles algunas preguntas a los chicos. Entre los interrogantes que ellos debieron responder, se incluyeron los siguientes: qué aprendieron durante el año y qué consejos les darían a los chicos que hoy están terminando su ciclo primario y que muy pronto, a mediados del verano, se estarán preparando para conocer las aulas del segundo piso de CSA.
En suma, creemos que es importante buscar el espacio para generar una reflexión sobre el trabajo que se hizo, separar la paja del trigo y advertir qué quedó sobre el tamiz. Como docentes, podemos pensar que sabemos de antemano en qué consistirán esas respuestas, y que en ellas no habrá grandes novedades. Sin embargo, los alumnos siempre sorprenden con su trabajo, y también con su mirada sobre las prácticas que se llevan a cabo en la escuela (especialmente los más chicos, que asisten a clase con un entusiasmo y una frescura particular, propia del inicio de un ciclo).
Por eso, compartimos algunas respuestas que dieron los chicos casi a punto de finalizar su primer año.
Que no se ponga nervioso y que le dedique mucho tiempo a cada materia.
Que se prepare y se organice. Que tome con calma los primeros meses.
Que se acostumbre a tomar apuntes.
Que establezca un vínculo de confianza con los profesores.
Que practique mucho la ortografía. Que practique presentaciones orales.
Que priorice las materias que más le cuestan.
Que no se preocupe por lo que va a pasar a fin de año. Que intente esforzarse en cada momento.
Que no se preocupe por la cantidad de materias en inglés. Que de a poco se irá adaptando. Y que participe en clase.
Que tenga un calendario para su organización personal y así saber cuándo estudiar y cuándo vencen las entregas de trabajos. Y que no tenga miedo de participar.
Que levante la mano cuando tenga dudas.
Que prepare las cosas de cada materia el día anterior, así no se olvida de nada.
Que tenga las carpetas al día, completas. Si faltó a clase, que pregunte qué hicieron para no atrasarse.
Que revise las respuestas de una evaluación varias veces antes de entregar.
Que preste atención, que se organice y que haga amigos.
Nos encantó hacer este feedback con los alumnos. Creemos que no solamente será un ida y vuelta con sus compañeros más chicos, sino que el resultado de este ejercicio también será útil al momento de cursar segundo año, instancia en la cual las exigencias serán cada vez mayores, y los contenidos cada vez más complejos.